Megan alzó la vista, y por un instante vio en los ojos de Max una chispa que le recordó a los cuentos que leía de niña: la promesa de una aventura que aún no había empezado.
Max, tomando su mano, respondió con la certeza que solo el amor verdadero puede ofrecer: Pideme Lo Que Quieras Ahora Y Siempre Megan Max...
—¿Puedo? —preguntó, con una sonrisa tímida. Megan alzó la vista, y por un instante
—Quiero que me enseñes a ver el mundo como tú lo haces. Quiero que capturemos juntos cada instante que nos haga decir “¡wow!”. Y, sobre todo, quiero que nunca dejemos de preguntar. —Quiero que me enseñes a ver el mundo como tú lo haces
Se conocieron una tarde de otoño, cuando el viento jugaba con las hojas caídas en el parque de la ciudad. Megan estaba sentada en un banco, intentando decidir si escribir una carta a su “yo” del futuro o dibujar la silueta de una bicicleta que nunca había montado. Max, con su cámara en mano, se acercó y le pidió permiso para fotografiarla.