Asterix Y Obelix En Los Juegos Olimpicos -

Mientras tanto, los deportistas rivales (espartanos, egipcios, romanos) se preparan con métodos ridículos: masajes con aceite de ballena, dietas de ajo y, sobre todo, la infinita arrogancia de los anfitriones. Goscinny se burla del amateurismo aristocrático: los atletas griegos son "caballeros" que compiten por el honor, pero que en cuanto pierden, culpan a los árbitros o a la mala suerte.

En el imaginario popular, los Juegos Olímpicos de la Antigua Grecia evocan imágenes de mármol blanco, atletas esculpidos en aceite de oliva y un espíritu de noble competición. Pero cuando el pequeño guerrero galo de bigotes rojos y su inseparable gigante goloso deciden invadir el estadio de Olimpia, el mármol se resquebraja, el aceite se derrama sobre una loncha de jabalí y el espíritu deportivo se enfrenta a su enemigo más temible: el suero mágico.

La aventura, originalmente publicada en el cómic Asterix en los Juegos Olímpicos (1968, texto de René Goscinny y dibujos de Albert Uderzo) y llevada al cine de acción real en 2008, es mucho más que un simple deportivo. Es una disección hilarante y punzante del nacionalismo, el dopaje, el amateurismo de pacotilla y, por supuesto, la inagotable tontería humana. La premisa es engañosamente sencilla: el joven y apuesto bardo (y bígamo por error) Lovesurix se enamora de la princesa griega Irina. El problemático pretendiente es Brutus (hijo de Julio César, interpretado en el cine por un histriónico Benoît Poelvoorde), que no está dispuesto a ceder. La única solución para evitar una guerra es, como manda la tradición, ganar los Juegos Olímpicos. asterix y obelix en los juegos olimpicos

El final es antológico: Brutus, tramposo profesional, intenta usar una poción mágica robada, pero por error se la bebe sin diluir y sale disparado hacia el Olimpo (literalmente). Los galos son descalificados por "asistencia externa" (el jabalí de Obelix), pero Lovesurix se casa igual porque, en la lógica de Asterix, el amor no entiende de medallas.

Asterix en los Juegos Olímpicos no es una historia sobre ganar. Es una historia sobre reírse de quienes se toman el ganar demasiado en serio. Mientras haya estadios, habrá tramposos, burócratas y héroes absurdos. Y mientras haya jabalíes, estará Obelix, dispuesto a correr los 200 metros lisos... hacia la parrilla. Pero cuando el pequeño guerrero galo de bigotes

Aquí surge el primer gran chiste filosófico de Goscinny: los Juegos son la única competición donde los galos . Está prohibida por ser considerada "dopaje" (o, como dice Panoramix, "ayuda artificial"). Así pues, Asterix y Obelix se enfrentan a un reto inédito: ganar sin su ventaja habitual.

En una de las secuencias más memorables (tanto en cómic como en cine), Asterix gana la carrera de velocidad no por ser más rápido, sino porque un jabalí se cruza en la pista y Obelix, al verlo, sale disparado detrás de él, arrastrando a su amigo. Victoria accidental, sí, pero victoria al fin. Asterix en los Juegos Olímpicos funciona porque entiende que el deporte, en el fondo, es un teatro de pasiones irracionales. Los galos no quieren la gloria de Olimpia; quieren que su amigo se case. Los romanos no quieren competir; quieren sobornar. Los griegos no quieren fair play; quieren que el espectáculo no les dé problemas. La premisa es engañosamente sencilla: el joven y

Y es que, como sentencia Obelix al ver a los griegos llorar por una carrera: