—Te he esperado —dijo él.
La tercera noche, el susurro se volvió voz.
—Un lugar donde tu alma no tenga que estar sola.
Liana, cansada de promesas vacías, rió con amargura.
—Te he esperado —dijo él.
La tercera noche, el susurro se volvió voz.
—Un lugar donde tu alma no tenga que estar sola.
Liana, cansada de promesas vacías, rió con amargura.